Hermosa Fénix, si la luz serena
De vuestros claros ojos no abrasara,
Su pureza devoto contemplara,
Que al no encendido, al temerario enfrena;
Mas si mi vista enciende y desordena,
Cual suele el viento y fuego a polvo y vara,
Si, aunque se oculta, sierpe ostenta clara
Purpúrea rosa y cándida azucena,
¿cómo queréis que mire vuestros ojos
Menos que con intento así advertido?
Ausente estoy mejor, si os causo enojos:
Adiós, Fénix, adiós, que voy perdido;
Huyendo voy de amor y sus antojos,
Mas, ay, que viene a la memoria asido.