Amorosa estocada y donatello

Seguramente los dos (el gordo y el alto
De la flor) dirían: “Tú, adolescentario”.
Adolescentario, sí, pero en el fuego.
Ustedes y nosotros no somos más que símbolos.
Ustedes y nosotros, no yo o aquél.
Ninguna prisa aclara que el sol niega.
Si ustedes estuvieran muertos,
Si todos, de una vez, estuviéramos muertos,
Entonces el gordo y el alto de la flor conversarían.
Como no nos tientan ni ondas ni caminos,
Como no nos tientan,
Las figuras ahora, y en la casamata
El gorro de piel para el primer disparo.
Para el último, el azul, y la cabeza del oso.
Los veo alejarse, los veo,
Sentados en una cresta de mar,
Dándoles la espalda y el frente, saludando
Al sol nuboso y nebuloso,
Perla y brillantina, mano blanca, corona del rey,
Frente escindida, palma y contrapalma
No somos jóvenes ya, los recipientes
Para recoger el agua en un corcho de óxido,
Lo que reposa tibio y el tizón de fuego,
Declaran con solemnidad de párroco el domingo
Que no es definitorio silenciar, sí supone
Y gira como un trompo lanzado a tiempo,
Vuelta de engaño, trabajo limpio, letra para el gordo,
El alto no penetra en la charada.
Extensión sin hojas, ya sosiego,
Aplacados no en la muerte, en la sonrisa
De unos labios diáfanamente sumergidos
En la superficie de un espejo, dice.
Adolescente triunfal con el sombrero en la boca


Poema Amorosa estocada y donatello - Rogelio Saunders