Ciudad contrita

Hubo hace distancias
Ojos disueltos de peces o humanos
Hoy intenciones invisibles
Estampan los muros
Estrechan ventanas y puertas
Sometiendo a tormento el ramaje de los árboles
Viudas de negro languidecen
Sombras se retuercen en lo alto del viento
O se desencadenan por entre las moradas
De una ciudad sin gatos
Vistiéndose de niebla
Del humo lento de su niebla
Perduran las tibias costumbres
Doncellas maduran aún entre los corredores
Alzan la vista de primorosos bordados
Con frío
No abren la puerta por la noche
El padre destruye la tarde desde el invernadero
Fijos sus ojos en la calle
Las sombras aúllan en lo alto del viento
Cayendo sobre campanarios muertos
Figuras de negro llegan a los suburbios
Y los viejos se mueren atisbando los signos
El follaje se seca a mis espaldas
O más bien la roja luz del rojo sol inmóvil
Aguas salobres
Flores marchitas
El polvo que todo lo carcome
Salvo la piedra de los monumentos
Salvo el esqueleto de los hombres perversos
Bajo la mueca del sol que devora los colores
Las sombras gimen en lo alto del viento
Y se desprenden oscilantes como murciélagos muertos
Sudario de exangües moradas
De todo
Salvo de la piedra
De los monumentos vestidos de extrañeza
De nada vale ya rezar y santiguarse.


Poema Ciudad contrita - Jorge Etcheverry