InvocaciÓn de la ciudad perdida

Aquí ha llovido cielo.
Se desliza entre hierbas…
El poeta y los lirios saben la ceremonia.
Vedlos crecer en su hermosura.
Vedlos nombrar el canto. Hurgan el sueño.

Para danzas, el aire.
Mariposas para la música.
Aquí la mezcla rara.
El recipiente. Allá, los dioses.
Aquí la luz del tiempo se enajena.
Allá los viajes.
Y para cuando regresen los perdidos,
Los árboles habrán dejado el bosque…

He leído el libro de los días: – Piedras de adivinar.
Hallo la invocación.
Voy a purificarme con humo de rocío
Antes que el sol se anuncie.

A punto de volar
La noche alcaraván llega a mis manos.
Hace nidos vacíos sin poder detenerse…
La aurora sube lenta, lenta, lenta
A paso de perdido que extravió la noción.
La aurora sube lenta? pez de oro sumergido en el tiempo
Que navega,
Navega,
Y hace anillos de espacio…

Yo, buscados de amuletos
Voy al mar, me disuelvo en sus playas;
Me traigo caracoles para pintar de verde los crepúsculos.
(Aparece el Quetzal)
Veo arenillas, me dirigen su voz que no es su voz,
Me hablan, me miran
Casi las tomo…
Yo deseo hacer ríos y caminos
Y la espuma llega con su velo a perder la visión.
Y lloro, lloro con los ojos anegados de piedras.
Piedras mentidas, sí, pero son piedras…
Es cuando llega algo de luz sin luz, mucha intuición
Y me quita las piedras parte a parte;
Me arranco la pupila para poder mirar
Hacia dentro, al fondo, a mí mismo, al pasado…

Subterránea Ciudad: Sol de los ojos.
Deja de perecer que estamos solos.
(Ya se perdió el Quetzal).
Oscuridad de todos si te sigues hundiendo.
Si te alejas sin preguntarte nada.
Sin dejar que yo diga tus curanderos que le hallaron la voz
A la palabra.
Sin dejar que yo vea los viejos talladores de madera y jade
Gobernando la piedra y el fulgor de la arcilla.
Tus doncellas hilando los crepúsculos
En cada flor silvestre.

Subterránea Ciudad, déjame hallar el cenote sagrado,
Al sacerdote azul pintando los presagios y el misterio.
Déjame ver el aire que tenían los juegos de pelota.
Quiero tener tambores labrados en tortugas terrestres.
Es necesario aquí el adivino loco,
El que hacía pirámides, calendarios
Y días con un siglo pintado en la memoria.

Subterránea Ciudad, déjame hallar el rito,
El fuego hecho de piedras, el mosaico de plumas.
¡Todos los testimonios que me lleven a ti!

Subterránea Ciudad,
Voy a humedecerme con humo de rocío
Para esperarte a solas…
Si te escondes, nadie puede encontrarse…

Hemos llegado aquí,
A la caída, al tumulto;
Esperando decir lo que tú nos señales,
Esperando decir lo que no dice el tiempo.

Te esperamos, Ciudad, a que digas lo que no hemos podido;
A que traigas
Lo que no hemos hallado.
Te esperamos, con esta luz herida…


Poema InvocaciÓn de la ciudad perdida - José Roberto Cea