Al fondo de la noche, noche de espadas:
Muslos sobre mis ojos. La muerte
Sin tiempo, ofreciéndome sus llamas.
Confusos pájaros cierran mi pecho;
Eriales con llamas socavan el confín
Del silencio para anunciar el brebaje del olvido.
Las piedras proyectan los ecos; los espejos
Esas sombras opuestas a mí mismo.
En la memoria del día, las huellas del día hurtan la ceniza
Con su lengua seca: vaho de tierra mortal
Que ya no es carne ni presencia…