Al castellano ii

Veo en ti. No estás hecha de sonidos solamente,

Ni de ideas solamente ni de conceptos. Fuiste hecha

También para nombrar esas penumbras de las imprecisiones,

La ambigua senda que entre la palabra y los hechos

Declara su dominio. Otra proeza tuya, castellano.

Que la eternidad tenga un cuerpo y que podamos

Palpar el peso de una hora en la palabra.

En Persia ciertas oraciones podían mover los astros;

Sólo tú, ahora, puedes convocarlos. Que yo diga pradera

Y la pradera se extienda, como una alfombra sin árboles,

Amarillento cielo derramado de aquí hasta el horizonte.

Que yo diga volcán y que éste brote en la habitación sonora,

Arrancando los pisos e hirviendo los aires y el aliento.

Que diga mar y pise el légamo del fondo

Con los cabellos sacudidos por las olas, todo venido en torno

Sueño líquido, blando peso en movimiento, inconmensurable.

Que diga aire y me eleve o todo hacia algún allá descienda,

Como si cayera la tierra y en el mismo lugar me quedara, solo.

De alguna forma, en millones de bocas,

Lo has abarcado todo, lo has devorado todo:

¿qué otras palabras, como gentes del futuro,

En ti, lengua infinita, allá adelante esperan por nosotros?

Cuáles habrá para nombrar lo que no ha nacido nunca,

Como no habían nacido antes éstas que hablamos.

Si presente es eso que al nombrarlo en ti

Es lo que ha sido, más el mañana de lo mismo, incluso,

Lengua que has sido la de Góngora y es mía,

Usando tus palabras yo te sueño tan eterna

Como la tierra y el aire. A ti, que abarcas por igual

El fuego y el agua y la tierra y el aire.


Poema Al castellano ii - Luis Benítez