Ábrese el fuego, y salta la burbuja

Ábrese el fuego, y salta la burbuja
Metálica de un pez; barre los ojos
Una flor instantánea; doble salto
Mortal, ensaya el corazón. Amigos,
Algo mejor gocemos que un lamento.

Ya, para no caerme, estoy colgado
De tu clavo, alegría; de tu absorto
Badajo, de tu azúcar infalible
De mujer conseguida.

Has caminado
De gusto, te has sentado de gusto,
Has llorado de gusto hasta reírte.
Eras tuya, y bailabas, y las piernas
No te dolían tanto. Y es domingo.

Escaleras del aire, pan del día,
Turquesa el vuelo entre nosotros.

Y de pronto es domingo,
Y hay gente, y es de fiesta
Y fraterna la gente, y es ahora,
Y hay el viaje y la carta recibida
Y el intercambio de la contraseña,
Y la risa espiral regocijada.

Risa del pobre, cúpula sin suelo
Por sí misma orquestándose;
Música sin orquesta que la amarre,
Deslimitándome, soldándome,
Compacta, el dentro y el afuera.

Desde la almendra glandular me encumbras,
Desde las cuatro alcobas
Cordiales, me trabajas, alegría;
Plural jarabe, rosa visitante,
Llave de toda cerradura.

Amigos, ha pasado la nocturna
Concepción de los cantos, y la víspera
De cristal doloroso, y la semilla,
Y está el deleite con nosotros
Como vino de suyo madurado.

Y está en las manos el solemne
Fulgor; el número premiado
En esta lotería de campanas.


Poema Ábrese el fuego, y salta la burbuja - Rubén Bonifaz Nuño