Te quiero porque tienes tan negros los cabellos,
Tan fiera la mirada y tan dulces los gestos,
Que es inevitable pensar que formo parte
Del café que preparas sonriendo a lo lejos.
De que vayas y vengas sin un ruido
Por no hacerme de menos o por no despertarme.
Te quiero porque somos de la misma camada
Y me das el respeto que me tomo y te tomo.
Eres en quien descanso y apoyo mi cabeza.
Y sé que lo hago bien.
Que ha llegado la pena y puedo reclinarme.