A nuestra señora de archidona

Farol de esta comarca,
Luz de Archidona,
Virgen madre de Gracia
Virgen toda graciosa,

Tu nido en alto tienes,
Blanca paloma,
Tan alto, que parece
Escala de la gloria.

Tú del Sol eres madre,
Rosada Aurora,
Previlegiado Oriente
No ultrajado de sombras.

Países estranjeros
Tu gracia invocan
Y tu amor solicitan
Lejas palmas devotas,

Donde en saraos y justas
Almas gloriosas
Enristran blancas palmas,
Calan yelmos de rosas.

Allí oyes que te llama
Gente remota,
Despachas sus gemidos;
Su llanto en risa tornas.

Luego, por ver tu casa,
Ya sin congoja,
Deslindan los caminos
Agradecidas tropas,

Y allá do el Euro bravo
Vuelca las ondas,
Le arrebata al piloto
Tu nombre de la boca;

Y mientras corajoso
Los pinos troncha:
¡Virgen de Gracia! suena,
Y el peregrino votan,

Respeta el viento el nombre,
Y en aura sopla,
Y tus paredes visten
Tablas y húmida ropa.

También cuando con saña
Hierve Belona,
Bebe la arena sangre,
Hacen las flechas sombra,

Entre rayos de plomo,
Al trueno de trompas,
Quien se arma de tu nombre
Desprecia las pelotas.

Por ti los pies atados
Sus pasos cobran,
Y a los ojos sin día
Concedes ver las cosas.

Defraudas a la muerte
Varias victorias,
Y a los demonios quitas
Las, que hurtaron, joyas.

Por eso tu alabanza
Las lenguas brotan
Y en tu casa agradecen
Los que de gozo lloran.

Cuando rubias aristas
Quiebran en ondas,
El labrador te escoge
Las más lucida copia.

Para tu humilde casa
Nápoles borda,
Teje damasco el chino,
Y el mauritano alfombras.

¡Oh Virgen, reina mía,
Que de mi roca
Me llamaste a tu casa,
A dignidad de escoba!

Fiesta harán mis versos
Para memoria,
Porque no estimo en tanto
Triunfo y laurel de Roma.


Poema A nuestra señora de archidona - Pedro Espinosa