Viii. a marcio

Aetas parentum, pejor avis, tulit
Nos nequiores, mox daturos
Progeniem vitiosioren.
HORAT.

Por la angosta senda de Garraf riscoso
Corcel desbocado dirigir sin riendas,
O por las furentes olas del Egeo
Barquilla regir,

Más fácil te fuera que por rectas vías
Conducir, oh Marcio, la mísera patria
A la bienandanza que tu mente sueña
En noble ilusión.

¿Qué prestan tus leyes? ¿qué prestan, si al crimen,
Rompido el precepto que inspira Natura
Y consagra el Numen, el hijo de Iberia
Despéñase audaz?

Y befa y ultrajes prodigando al justo
Enhiesta la frente va el Vicio asqueroso
La pálida frente que el velo desdeña
Del muerto Pudor:

Do quiera rencores, molicie do quiera,
Y sed de rapiña descarada y torpe,
Y un tráfico horrible de cuanto más sacro
El mundo adoró…

¡Oh tiempos felices aquellos antiguos
Que bárbaros llaman noveles doctores!
Hipócritas hace, corazones duros
La hodierna luz.

Al menos entonces del honor la palma
De un Barón idiota cercaba el almete,
Y un hidalgo acero sostener podía
Un franco mentís.

No itálicas solfas, no gálicas danzas
Supieron, más libre de afectos villanos
So la férrea cota, corazón sin tacha
Sintieron latir.

¡Costumbres sin arte! ¡severas costumbres
De nuestros abuelos! ¿do estáis? ¡qué a la cima
De la gloria alzasteis poderoso y bello
De España el blasón!

Finieron los héroes: de madres impuras
El impuro seno progenie bastarda
Tan solo concibe, bastarda progenie
Cobarde y falaz.

¡Eh! mienten aquestos: son prole de vicios,
No prole de aquellos preclaros varones
Que en lucha continua blandiendo la lanza
Cansando el trotón,

Lanzaron al Árabe al desierto antiguo
Y la Cruz bermeja con mano robusta
Sobre el eclipsado menguante erigieron
Del vencido Islam.

Y en las patrias Cortes el bien de los pueblos
Trataban sesudos, o a las demasías
De reyes aviesos oponían firmes
Prudencia y valor.

Bien fuiste tú entonces, oh Burgos, testigo
De noble constancia, cuando de Castilla
En santa Gadea juntados los Grandes
Ante el nuevo Rey,

Se alzó un Caballero: varonil talante,
Majestad y gracias dicen que es Rodrigo,
Aquel que en buen hora naciera, al que llaman
El Cid Campeador.

“Ni fe ni homenaje, señor rey Alfonso,
“Prestaros no quiere quien de leal blasona,
“Si a lo que os pregunte, con solemne jura
“Vos no respondéis.

“¿En la muerte aleve del buen rey don Sancho,
“Que en gloria se goce, vos, Rey no tuvisteis
“Nada que culparos? – No. -¿Della no os plugo?
“¿La esperasteis? – No.

“-Hayáis mala muerte, si a la verdad santa
“Faltareis, Alfonso: vuestro cuerpo engorde
“Carnívoras aves, y sea vuestr’ alma
“Presa de Luzbel.

“-Amen” el Monarca tres veces repite,
Mas la saña esconde que pronto, oh Jimena,
Por el caro ausente lágrimas cual viuda
Te hará derramar.


Poema Viii. a marcio - Manuel de Cabanyes