Tristezas

(A mi esposo ausente)

Nuestro dulce primogénito,
Que sabe sentir y amar,
Con tu recuerdo perenne
Viene mi pena a aumentar.

Fijo en ti su pensamiento,
No te abandona jamás:
Sueña contigo y, despierto,
Habla de ti nada más.

Anoche, cuando, de hinojos,
Con su voz angelical
Dijo las santas palabras
De su oración nocturnal;

Cuando allí junto a su lecho
Sentéme amante a velar,
Esperando que sus ojos
Viniese el sueño a cerrar,

Incorporándose inquieto,
Cual presa de intenso afán,
Con ese acento que al labio
Las penas tan sólo dan,

Exclamó como inspirado:
“!Tú no te acuerdas, mamá?
El sol ¡que bonito era
Cuando estaba aquí papá!”


Poema Tristezas - Salomé Ureña de Henríquez