Teoría del tiempo

Ese polen oscuro que implacable
Va cubriendo de injurias nuestra frente,
Esa hiedra taimada que incesante
Va sembrando distancia en nuestros ojos,
Esa lluvia de sombra que insensible
Va inundando de lodo nuestra sangre,
Ese hielo, esa herrumbre, ese derribo,
Son las garras del tiempo trabajando
Despacio.
Nadie ve
Su figura felina y transparente,
Ni se escucha el temblor de sus pisadas,
Su respiro lentísimo
Poderoso y oculto entre los días.
Pero existe, y acecha, y torvamente
Va arañando las horas,
Siempre abiertas las fauces
Para su larga y honda mordedura.
A veces lame nuestras pobres manos
Candoroso y alegre como un río,
Y anilla nuestros dedos
De hermosas caracolas.
Jubilosos
Acogemos al tierno arrepentido
De su lealtad seguros. Pero pronto
Vemos que se saliva se convierte
En un musgo de llanto
Y que en los dedos sólo
Nos crece la tristeza.
Nada queda detrás de sus crepúsculos,
Nada escapa a su nieve.
Impasible,
Él sigue su camino
Al trote lento de su fiel ceniza:
Nunca vuelve la vista ni sonríe
A la vida que canta confiada.
Sabe que en su clepsidra de rencores
Siempre el agua abrirá secretos cauces,
Y vigila en la orilla, quedamente,
Con la calma tenaz del invencible.


Poema Teoría del tiempo - Antonio Porpetta