Te miraba acostada con mis ojos de bueno
Tus ojos aprendían lentamente a soñar,
Y tu sueño iba a otro, a tu amor en estreno,
Embriagado de fuga, de capricho y de azar.
Me tomaste una mano para palpar tu seno,
Tu corazón latía con el mío a la par:
El tuyo acelerado por un amor ajeno,
Mi corazón tan cerca, sin poderlo alcanzar.
Así dejé de amarte y empecé a comprenderte.
Sentí que me tocaba como un roce de muerte,
Un dolor voluptuoso, pasajero y vulgar.
Y mientras me veías mansamente a tu lado,
Yo escapaba en silencio, para siempre alejado.
¡Aunque esta misma noche te vuelva a desnudar!