Salí del hotel, tomé un taxi,
Tuve que huir con helada locura
De la ciudad que amaba.
No volverían a detenerse en ella
Los pasos de la felicidad,
Nunca más en el aire
Iba a encontrar su risa, nunca más
La palma de su mano, su voz, su boca…
Pasaban las últimas calles
Por mi cuerpo vacío
Y mi alma sólo era espanto.
Mas el dolor anda y desanda
Todos sus caminos,
Y al cabo vale la pena un recuerdo;