Te invito a registrarme en un renglón,
a que guardes mi amor al fondo del archivo
como yo te lo di:
en un sobre sellado y atado con mis besos.
Déjalo allí, escondido, donde nadie lo vea
hasta que me haya ido
y entonces, sólo entonces sácalo, desdóblalo, estíralo,
ponlo bajo tus huellas digitales,
aspíralo y cuando resucite
podrás decir mi nombre
y escribir una historia,
porque no me resigno a ser página en blanco
en tu autobiografía.