Aquel que se afana por apretar el agua
y retener la roca erosionada
se queda abrazando humo y arena,
ahogado bajo el ir y venir
de la noria indiferente que sigue girando,
marcando el paso a los caminos de las dudas,
recuerdos y miedos.
Aquel que salta al vacío
sabiendo que lo único que lo aguarda
es el rostro de la tierra en una herida abierta,
encuentra la respuesta,
libre por fin, sin aristas en el alma,
vuelto realidad plena.
Es un sobreviviente después de la caída.