SeÑales del fin del mundo

Primera señal: pierde el gusto.

En cuanto manjares de grande sabor
Se mantiene el mundo de necesidad;
El uno es justicia, el otro verdad,
El otro es la fe, el otro el temor.

Y pues perdió el gusto de este su dulzor,
Y a tales manjares cobró tal fastío,
Ya os juro, señores, neste hábito mío,
Que nunca jamás sane su dolor.

¡Oh mundo, señal es de tu perdimiento
Perdieres el gusto de tantas dulzuras!
¡Oh evangelios, santas scrituras,
Cómo os hacen molinos de viento!

Acudí al mundo, que está en pasamiento,
No puede vivir, ya no gusta nada.

Segunda señal: pierde el conocer

Otra señal, muy más apertada,
Que ya no conoce; que es más perdimiento.

Ya no conoce a su criador,
Ya no conoce para qué es criado,
Ya no conoce qué cosa es pecado,
Ya no conoce se tiene señor;
Ya no conoce a su Redemptor,
Ya no conoce sus santos consejos,
Ya no conoce ni mozos ni viejos,
Ya no conoce cuál cosa es mejor.

Tercera señal: pierde la vista

Otra señal tercera le siento,
Que pierde la vista, los ojos quebrados.
No ve el peligro de tantos pecados,
Ni ve el camino de tanto tormiento;

No ve la ceguera de su pensamiento,
Ni ve los barrancos nesta triste estrada;
No se adó va ni a qué posada,
Ni siente lo cierto de su perdimiento.

No ve lo que toma ni lo que le dan;
Ni ve lo que deja, ni ve lo que lleva;
Ni ve quién lo alumbra, ni ve quién lo ciega;
Ni ve lo que pide ni qué le darán;

No ve quién lo llama, ni a qué afán;
No ve lo que topa, ni de qué se guarda;
No ve lo que viene, ni ve lo que tarda;
No ve lo que es piedra, ni ve lo que es pan.

Cuarta señal: apaña la ropa

El cuarto señal, apaña la ropa,
La ropa que halla, ajena a la suya,
La suya y ajena, no pergunta cúya;
Cuya señal es su vida poca,

Poca firmeza, ceguera muy loca,
Loca la vida y loca la muerte,
Muerte que apaña en paso tan fuerte,
Fuerte señal, que es fuego de estopa.

Apaña ya el mundo a pierna tendida,
Apaña ya ciego sin conocimiento,
Apaña sin gusto del mantenimiento,
Apaña sin gusto, quiere dar la vida,
Apaña de prisa, que está de partida;
Apaña y no sabe ya lo que se toma.

Apaña la ropa, la casa de Roma,
Apaña la manta de cualquier partida.

Quinta señal: estar sin sosiego

El quinto señal ¡Oh, no me duerma alguno!
Es que el doliente no está sosegado;
No se contienta de estar bien echado,
Ni agradece ya más bien ninguno.

Impaciente y muy importuno?
“No estoy bien aquí, quiérome ir d’aquí.”
¿Adónde, allí? ¡Oh qué señal de paso fortuno!
Poco vivirás, ¡oh triste de ti!

“Quiérome vestir, quiérome llevantar.
¡Oh, llevantadme! Quiero ser conde.
Quiero señoría…” “¿¡Conde!? ¿Y dónde?
¿Adó quieres ir, que no hay lugar?”

“No puedo aquí estar ni asosegar.”
“Cuitado, ¿qué has? Oh, ¿no te contentas?
Naciste desnudo y en cama de riendas,
¿no asosiegas? ?poco has de turar.”

“Estos traveseros, quitaldos allá…
No quiero esta rienta; dadme un obispado…
No estoy contento, no estoy bien echado;
Esta cabecera, mudalda acullá.

Bollidme esta cama, que muy dura está.
No puedo aquí estar ni asosegar…
Quiérome ir a Roma, quiero arcebispar,
Quiero ser papa…” “¡Oh, el mundo se va!”

Sexta señal: no obra en él meleciña

Ya no le aprovechan las curas divinas
Del Hijo de Dios, por él tan sagrado,
Y por su salud muerto y crucificado;
Y no obran ya en él sus doctrinas.

Ya no le aprovechan, callentes ni frías,
Las yerbas y flores de la redención;
Ya no le aprovechan, que está en conclusión:
Sedme testigo que acaba sus días.

Ya no le aprovechan aguas estiladas
Por los ojos claros de la Gloriosa;
Ya no le aprovecha la pasión penosa
De mártires y vírgenes por él degolladas.

¡Oh qué señal de presto acabadas
Aquestas pisadas del mundo doliente!
Pues de sus males sanar no consiente,
Ya está al cabo de sus tres jornadas.

Séptima señal: tiene los cabos fríos.

Frías las manos para dar loores
Por males o bienes a Dios su señor;
Frías, hieladas en por su amor
Dar de lo suyo a pobres pecadores;

Frías, muy frías, en pagar sudores
A cuantos cristianos por esclavos tuvo;
Frías, sin sangre, en pagar lo que debe
A los cuitados de sus servidores.

Fríos los pies para visitar
Los desamparados de los hospitales;
Fríos los cabos, son ciertas señales
Que el triste del mundo se quiere acabar.

Fríos, hielados para caminar
A ver a su Dios, ni a romerías;
Fríos, mortales, que acaba sus días:
El mundo, hermanos, se quiere finar.

Octava señal: turba el habla

Otro señal octavo lo ataja,
Que engruesa la lengua, la habla turbada;
Engruesa la triste, que está emponzoñada
De falsos testimonios por dame esa paja.

De noche y de día parlar como graja
Lisonjas, mentiras de vidas ajenas.
Oh mundo, tú mueres, pues ya que apenas
De las cosas buenas no hablas migaja.

¡Oh qué señal!, pues que ya dispara
Con lengua dañosa, la habla turbada.

Novena señal: siente rabia

El nono señal, fin de esta jornada,
Aprieta los dientes con rabiosa cara,
Medoña, espantable, terrienta, amara,
Con tanta soberbia y cada vez más.

¡Oh triste de mundo, poco turarás!
¡Antes no te viera que tal te hallara!
Cerrados los dientes:

¡Oh pesia tal, y Dios es testigo!
¡Oh reñiego de tal, y Dios es presente!
¡Oh, mala señal, cuando el doliente
Se muerde las manos lidiando consigo!

No sé que te liga ni sé te digo;
A según las visajes que haces sin tiento,
Ya te aparecen en tu finamiento
Aquellas visiones de nuestro enemigo.

Tú perdiste el gusto por le complacer,
Perdiste la vista por le contemplar,
Apañas la ropa para se la dar,
Ganaste soberbia por no le perder.

Oh soberbio mundo, flaires, abades,
Soberbios beguinos, soberbios ermitaños,
Soberbios los meses, soberbios los años,
Soberbios palacios, soberbias heredades,
Soberbio te finas en cama de engaños.

Y pues las señales de tu acabamiento
Ya están al cabo do nenguno apela,
No puede tardar aquella candela
Del cielo espantable con ira y tormento.

Será tal la hora de tu pasamiento,
Que sólo en vella las gentes se finen.
Dum veneris judicare seculum per ignem:
Ésta es la candela de tu finamiento.

Esto abasta, señores, no más
Cuanto a la parte segunda presente,
En la cual puede notar quien la siente,
Que el triste del mundo va de cara atrás.

Y porque sigamos la regla y compás
De nuestro sermón, según su manera,
Síguese ahora la parte tercera
Que dice en el tema: “es por demás”.

Es por demás la buena semiente?
Sembrada en la tierra estéril y mala;
Es por demás vestirse de gala
La vieja arrugada sin muela ni diente;

Y por demás es
Al galgo ser lindo si no tiene pies;
Y es por demás dieta al goloso;
Es por demás buen peine al tiñoso,
Y todas las cosas que ahora oiréis.

Es por demás pedir al judío
Que sea cristiano en su corazón;
Es por demás buscar perfección
Adonde el amor de Dios está frío.

También está llano
Que es por demás al que es mal cristiano
Doctrina de Cristo por fuerza ni ruego;
Es por demás la candela al ciego,
Y consejo al loco y don al villano.

Es por demás predicar verdad,
Es por demás clamar por virtud,
Es por demás traeros salud,
Es por demás reprender maldad,

Es por demás, por bien que parezca,
Es por demás loar la bondad;
Es por demás quebrar la cabeza,
Es por demás, que tanto se os da.

Fin

Es por demás, y aquí concluyo,
Es por demás aqueste sermón;
Empero a Dios demando perdón,
Que mando que diga y de miedo rehuyo.

Pliega a la Virgen y al Hijo suyo
Que nos dé muerte con nuestra vitoria,
Y nos restituya nel cielo ad quam gloria
Nos perducat por el poder suyo.


Poema SeÑales del fin del mundo - Vicente Gil