Recuerdos del hablante

I
Se manifiesta un sol en tu memoria
cuando estabas feliz,
feliz de veras.
Y en realidad el frío de la nostalgia
era lo que imperaba aquella noche.
Era la lluvia un ámbito de estrellas
o las estrellas eran el silencio sólo.
II
¿Cómo decirlo?
Ahora me lo explico:
sólo debo tejer la maravilla.
Porque soy tejedor,
tejo palabras.
Y tejo el Tajo
que miró Garcilaso aparecerse
mientras el río surcaba su memoria
y las ninfas se bañaban en sus aguas.
(Como Isabel
la bella portuguesa)
Yo también tengo un nombre de mujer
y junto a un río
lo voy tejiendo,
pero aún no termino.
III
Quiero saberlo ahora
pues la noche
me impulsa a deletrear el sentimiento.
La consecuencia es crepitar
como un cuerpo generoso cuando ama.
Un verso nuevo:
Un árbol se origina en el espacio.
IV
La vida es testimonio solamente
de un paso hacia adelante que da el mundo.
El olvido es tan sólo
memoria protegiéndose del tiempo.
V
Un hombre andaba por ahí
extraviado.
Había perdido todo.
Una mujer de piel muy blanca.
Un mundo.
Un espíritu alegre que cantaba.
No sé qué más decir.
No sé qué más inquieto es el silencio.
VI
Perdió todo ese hombre
mas tenía
una guitarra noble y empolvada
que lo sabía escuchar improvisando
no sólo las constancias o las dudas,
también su decisión por ser amigo,
por confiar en casi todo lo que une,
por transitar las venas de este mundo.
¿Qué espíritu de nuevo se aparece?
La sombra que pasea tras de su sombra.
VII
No sabes
si el mundo gira igual cuando tú escribes
y le das un destino a la palabra
sumida en este vértigo infinito.


Poema Recuerdos del hablante - Eduardo Langagne