Recuerdo a la muerte de bernardo

Fue en mil novecientos sesenta. En nombre de la Amistad
Nos invitaste a tomar café en la casa de Christie:
“No hay cuidado muchá, beban sin miedo”.
Pero nosotros no teníamos miedo. Hablabas por hablar.
Nos habían contado que eras un malvado, enemigo de la patria,
Terrorista, subvertidor del orden:
“Por eso me persiguen”. Y nosotros no
Sabíamos sobre tu delincuencia.
“Christie los mirará con otros ojos”.
Y Christie nos miró
Con sus ojos grises.
“Luchamos para que otros coman
El pan que sobra en la mesa de nuestros padres”.
Por eso te buscaban.

Mil novecientos sesenta y seis, la muerte ahora.
Después de tanto buscarla.
Después de no temerle.
La muerte en el camino.
No tuviste la dicha de mirar por vez última a Christie,
Ni a tus amigos,
Ni a tus hermanos, ni a tus padres.
Contigo nada.
Los periódicos nos hablan de tu muerte.
Te tiraron a un río para que nadie te encontrara.
Con los dedos atados a la espalda tu cadáver.
Con cinco balas de fusil en el pecho
En el Motagua flota tu cadáver.
Te asesinaron por malvado
Y eras el muchacho más bueno de la zona cinco.
En Retalhuleu te mataron.
En el Motagua flota tu cadáver.
Entre bejucos y lianas tu cadáver.
A los veinticinco años una muerte rara
Una manera de llorar y gritar
A los hijos de puta que son tus asesinos.
Christie ya no tendrá ninguna lágrima
Y marchará temblando de frío
Por una de esas floridas calles de Guatemala.

Yo te dedico las lágrimas del mar.
Me quedo con el recuerdo sólo de cuando tomábamos
Café en la casa de Christie.
Con el recuerdo
De tu vos premonitoria
De la bondad convertida en violencia
Para que todos tuvieran el pan
Que sobraba en la mesa de tus padres.
Eras un muchacho demócrata y por eso te mataron,
Porque no hablabas con
Palabras sagradas
Mil novecientos sesenta y seis, la muerte ahora.
Después de tanto buscarla.
Después de no temerle.
La muerte en el camino.

No tuviste la suerte de mirar por última vez a Christie,
Ni a tus amigos,
Ni a tus hermanas, ni a tus padres.
Contigo nada.
Así son las cosas cuando se llega la hora de morir.



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Poema Recuerdo a la muerte de bernardo - Manlio Argueta