Olvido (al cuadrado)

Ha regresado el olvido.
Todavía recuerdo qué recuerdo
habituaba llenarme los insomnios,
cuál de todas las noches
desplegó la más crítica nostalgia
a lo largo del frío y el silencio.
Aún perdura el eco de esa frase
cuya insana intención jamás previó mi desengaño,
la bondad distraída de esos ojos
en los que naufragaron tantos versos para siempre,
las letras de ese nombre abaratado
por la turbia obstinación de no decirlo,
las montañas, los rostros y los años
que se alzan y amontonan entre entonces y ahora
como miles de eternos horizontes,
como abruptos ejércitos de fechas
que ganan día a día la batalla.
Entonces recordaba exactamente
cada rincón de la ciudad ungido por su sombra,
cada maniobra de su voz en el circuito de mis sueños,
cada ardiente marea, cada nota
en el hondo concierto que sus miembros ofrecían a los míos.
Ahora de su piel me quedan sólo las palabras,
toda su descripción se ha reducido a simples adjetivos,
su existencia es la pira en que calcino conjeturas
y su rostro, ficticio y transparente,
únicamente cumple la ominosa vacuidad de mi memoria.
Al menos las mañanas ahogaran las raíces,
al menos el silencio borrará de mi boca
la humedad abrasante de su nombre
y pudiera el vacío, la distancia acumulada,
llenar la grieta inmensa que su ausencia me causó tan puramente.
Al menos se apagarán mis latidos
en este pecho suyo en cuya escena ya no actúa,
al menos una carta me informará de su huída
hacia un lugar lejano en donde nunca habrán mis ansias de alcanzarla,
y lograrán mis súplicas restantes refugiarse en otras artes
y este grito dejará de enredarse en mi silencio
y pudieran los días continuar mi deterioro
y pudiera yo mismo recordar que no recuerdo
y creer otra vez en lo que siempre he descreído
y morir nuevamente de lo que jamás he muerto
y acabar de acabar
y admitir lo perdido
y volver a olvidar lo ya olvidado.


Poema Olvido (al cuadrado) - Javier Mardel