Gran parte de la vida es un desierto
Y un abrir y cerrar de fieros mares
Donde ahogamos contrarios y pesares,
Desembarcos del mal en nuestro puerto.
Muchas veces la huida es necesaria,
De pronto la intuición nos dicta: -¡Ya!
Y entonces descubrimos que el maná
Es una fe crecida, extraordinaria.
El simún me ha hecho fuerte. El sol, de hierro.
Para mí es una gloria el arenal.
Mi Dios ni vuelve atrás ni se equivoca.
Rotundo vencedor del mal becerro,
Contaré mi secreto cardinal:
¡He visto brotar agua de una roca!