Si a una queja consiento, a una furtiva queja,
entrar y deslizarse en el jardín ilícito
de las palabras dichas, sé que sólo daré
a tu desdén ventaja.
Es tan ajena a ti
la pasión que suscitas, tan inocente eres
de esta cruel ansiedad que en mí se ha despertado,
que yo la negaré, oh sí, la negaré
aun cuando rasgue el gallo la seda de la noche.