Los diez mandamientos de amor

La primera ora passada
De la noche tenebrosa,
Al tiempo que toda cosa
Es segura y reposada,
En el aire vi estar,
Cerca de las nuves puesto,
Un estrado bien compuesto
Agradable de mirar.

En medio del que vi luego
Ell Amor con dos espadas,
Mortales, emponçoñadas,
Ardiendo todas en fuego,
Para dar penas crueles
A vosotros los amantes,
Porque no le sois costantes
Servidores, ni fieles.

De la terrible visión
Estando con gran recelo,
Una boz quebró del cielo
Diziendo por este son:
¡O tú, verdadero amante,
Bandera de mis batallas,
Piérdese mi bien, y callas!
Hablarás de mí adelante.

Dirás a los mal reglados
Amadores desleales,
A las penas infernales
Que cedo serán juzgados
Si no enmiendan su bevir,
La mi dicha ley guardando,
Vicios, errores dexando
De los que suelen seguir.

La justa ley, amadores,
De que vos manda usar,
Es que os puede acrescentar
O menguar vuestros dolores,
Si en partes mis mandamientos,
Los quales voy prosiguiendo
Según que más largo entiendo
Declarar sin argumentos.

Primer mandamiento

El primer mandamiento,
Si miráis cómo dirá,
¡quanto bien que vos será
De mi poco sentimiento!
En tal lugar amarás
Do conoscas ser amado;
No serás menospreciado
De aquella que servirás.

Mirad que me contesció
Por seguir la voluntad,
Ofrescí mi libertad
A quien la menospreció.
El tiempo que la serví
Hasta aver conocimiento
De mi triste perdimiento,
Entiendo que lo perdí.

Segundo

Al segundo luego vengo;
Guardadlo como conviene,
Que por éste sostiene
Lealtad, la qual mantengo.
Serás constante en amar
La señora que sirvieres;
Mientras que la mantovieres,
Ella no te deve errar.

Quien gualardón quiere aver
Del servicio que hizieres,
A la señora que sirviere
Muy leal tiene de ser
Pues lealtad vos hará
Venir al fin desseado,
Quien amare siendo amado
Con razón lo guardará.

Tercero

El segundo es acabado;
Donde el tercero comiença,
Ocupar tiene vergüença,
Al que lo tiene passado.
Serás casto, no te mueva
Tal cobdicia de trocar
La que tienes de guardar
Por otra señora nueva.

¡O qué derecha razón
Es que pierda el que ganar
Presume por su mudar!
¿Do tiene su coraçón?
Para mientes al cuidado
Que nunca se partirá
De quien lo recebirá,
Dubda, por aver errado.

Cuarto

Cessando de más sonar
El tercero que fenesce,
Pues el caso se me ofresce,
Del quarto vengo a tractar.
Muestrate ser mesurado
A todos generalmente
Con alegre continente,
Si quieres ser bien tractado.

La mesura hallaréis
En las damas castellanas,
En especial sevillanas,
Si tractar vos las queréis.
Los que de aprender ovieren
De nuevo ser mesurados,
Cedo serán enseñados,
Si de aquestas aprendieren.

Quinto

El quinto vengo diziendo,
Una virtud que qualquier
Puede bien amado ser
Esta sola poseyendo.

Cura por ser esforçado,
De los que siguen amor,
Deven perder el temor,
Pues es virtud ser osado.

De sólo ser esforçados
Se vos puede recrescer
Tanto que sin conoscer
Alcançaréis ser amados.

Mirad cómo Ector fue
Esforçado en la pelea,
Por do la Pantasilea,
Sin lo ver, le dio su fe.

Sesto

Del quinto más no se lee;
De hablar va ya cesando:
El sesto viene mostrando
Las virtudes que posee:

Siempre serás verdadero:
Que posseyendo tal fama,
Te recebirá tu dama
De grado por compañero.

Antes quiso fenescer
Régulo, cónsul romano,
En poder dell Africano,
Que la verdad fallescer.

Pues nuestros antecesores
Que fueron en otra edad
Murieron por la verdad,
Mantenedla vos, señores.

Seteno

El sesto se va dexando
De más largo razonar,
Al seteno da lugar
Que se venga demostrando.

Trabaja por te traer
Ricamente con destreza,
Qu[e]el amor con la pobreza
Mal se puede mantener.

Mirad bien en quánto grado
La riqueza favoresce:
En la casa donde cresce,
Del necio haze avisado:

Assí por el consiguiente
Donde no le plaze estar,
En breve haze tornar
Al discreto imprudente.

Octavo

Del seteno me despido,
El octavo començando,
Mi proceso acrescentando
De ciencia fallesciendo.

Fuirás la soledad,
Bevirás en alegría,
Buscando la compañía
Padescerá tu voluntad.

De bevir sólo recrescen
Grandes males sin medida,
Y, la fama destruida
D[e]aquellos que lo padescen;

Tristeza, poco saber,
Desesperación, olvido
Pensamiento desavido,
Causan el seso perder.

Noveno

El octavo ya acabado,
Queriéndose retraer,
El lugar de proponer
Al noveno traspassado;

Estudioso tú serás
En obras de gentileza
Con discreción y destreza
De la qual no partirás.

Gentileza hallarás
En quien ama lealmente,
Y su propio continente
Quanto lo demandarás:

Nunca sigue en otra parte
Si no donde amor prospera,
Y allí se muestra bandera
Por los que siguen su arte.

Dezeno

El noveno despedido
De todo lo processado,
Por dar fin a mi tractado
Soy al dezeno venido.

Serás franco del querer;
Con todos avrás cabida,
Y mayor de quien tu vida
Tiene en su libre poder.

La virtud de la franqueza
Qualquier que la buscará,
Sepa que la hallará
Donde govierna nobleza.

Vayan al muy soberano
Príncipe, rey de Castilla,
Que de la más alta silla
La reparte con su mano.

A sus pies está mesura
Rigiendo toda su sala;
A man[o]izquierda la gala,
De otro cabo cordura,
De semblante muy diverso;

Sobre aquesta discreción,
Alférez de su pendón,
Governando el universo.

Fin

Toca, toca cavalgar,
Essos trompetas clarones
Desembuelvan los pendones,
Iremos a pelear
Con todos los condenados
Perdidos por eregía,
Que mantovieron porfía
Contra Amor y sus criados.



1 Star2 Stars3 Stars4 Stars5 Stars (1 votes, average: 5.00 out of 5)

Poema Los diez mandamientos de amor - Juan Rodríguez del Padrón