Las sales de tu cuerpo

Las sales de tu cuerpo
me han carcomido la boca.
El amor que se hace cada tarde
viene del fondo de un océano.

La fuerza de tu amor es acuática,
un delfín, una ballena azul.
Es fuerza mamífera, humedad colosal
reconcentrada.

El amor que se hace cada tarde
nos deja exhaustos
como haber ido de un mar a otro
— y los ojos cerrados–.

Nos quedan las manos llenas
de un augusto reposo salado.
Se quedan tus manos cetáceas
cubriendo en absoluto mis manos.

Mi entraña, flor de océano,
medusa; el dolor de amarte
dentro del mismo conocido universo.
Soy una mujer encerrada en el movimiento.

Tu mano, remolino humano.
Remolino encima de mi concha.
y tu sonrisa, tan mía.
Mis gemidos, tan tuyos.

Las gotas de sudor caliente,
calientes, nuestras, sólo nuestras.
Tu vello y el mío se enredan,
nos derramamos como ríos robustos.

Sólo el ancho de mi cuerpo
tiene el ancho de tu cuerpo,
medido a cabalidad tarde a tarde,
mes a mes, año a año.

Tu lengua enciende mi pubis,
soy una sombra más entre tus piernas.
Entre tus piernas hay un abismo
y te respondo, como volcán submarino.

Me buscas la leche en cada pecho,
yo me dejo encontrar entre tus labios.
El amor que se hace cada tarde
queda escrito en cada verso.

Cada línea es un chorro que desata
o amarra las temperaturas.
Tu cuerpo es más largo que el mío
y tu vida, más vivida.

Pero el amor que se hace cada tarde
nos hace marcadamente iguales.
Nuestra estatura es la misma
y nuestra mirada, un solo horizonte.


Poema Las sales de tu cuerpo - Roxana Beatriz Lopez Serrano