Mi madre un día me compró una espada
para que yo pudiera defenderme
en vano de su amor. Blandía al aire
mi futuro, luchaba ya sin mundo,
y me batía en duelo contra mí.
Mi padre me ayudó en tan impar lucha.
Me compró un rifle. Disparaba al aire
sin tener que apuntar: todo era madre.
Jugando con el rifle o con la espada
me hice sangre en el dedo y acudí
gritando a su regazo: ¡Mama, mama,
(Sin acento, las madres en la aldea
no llevaban acento) Cúrame
antes de que me muera!
De sus cuidados quién iba a cuidarme.
De su esmerada y tierna tiranía
escapé contra mí.
Y hoy me defiendo
de aquel pasado que no pasa y hiere,
de aquel amor que deseó matarme,
sin más rifle ni espada que escribirlo.