Blancos jazmines, que en el blanco pecho
De mi cándida Fénix reposastes,
A quien color, a quien olor hurtastes
Con ancha mano, si por tiempo estrecho,
Puesto que ya por natural derecho
Parece que gozáis lo que usurpastes,
¿cómo – decid – a tanto bien llegastes
Que estoy de envidia, cual de amor, deshecho?
Volved las hojas ya lenguas risueñas,
Así no le paguéis a la mudanza
El censo a que os obliga haber nacido;
Pero no las volváis, que, pues por señas
Muestran agora en blanco mi esperanza,
Dirán mi muerte y, tras mi muerte, olvido.