Gracia

Viniste como el rayo
un instante de Dios entre dos noches,
por eso no te has ido, por eso no te marchas a pesar de esta hora
de columnas hostiles que rodean mi cuerpo destrozado entre fangos.

Es viento, viento muerto lo que tiembla en los árboles,
son voces, voces muertas, las que hablan en la sombra,
son dedos, dedos largos los que limpian los labios
de ese rastro brioso de amapolas oscuras.

Pero tú permaneces intacta en tu hermosura,
en tu belleza intrínseca que te recoge el pelo con pañuelos de humo.
Viuda de los claveles, gaviota de la noche, luz más alta del día,
vas volando por mares que existirán mañana,
iluminas los puertos que nadie ha construido,
das un brillo dorado a las crines del viento
y recoges el cuerpo donde me hallo tendido
y repites mi nombre…

Yo escucho algo muy lejos
un susurro venido de un cielo más distante,
una oración levísima de palabras enormes
pronunciadas con una dulzura interminable,
con un amor terrible que casi me da miedo.

Nuestros días oscuros nos llevan de la mano,
nos abrigan con sábanas que desollan el pecho más llano de la nieve,
pero no te has marchado, permaneces haciéndote más grande
iluminando el día
desde mi oscuridad.

De Tarde de Martes
Premio en los Juegos Florales Hispanoamericanos Quetzaltenango, Guatemala

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Poema Gracia - Jorge Galán