Era el Vigilante de la Boca
Si reían
Las dejaba a su libre albedrío.
Si hambrientas,
Las llenaba hasta más allá de la hache.
Si lloraban,
Recogía sus lágrimas con el pulgar y canto de la mano,
Mientras les decía:
No derrochéis el agua, pues cada vez más el mundo
Prolonga sus arterias yermas sobre el corazón de la Tierra,
Y no se deben tirar las mágicas bondades de la Nada.