El viejo romance

Era una noche serena,
y era en el mes de las flores…
(Yo no conocía la pena,
porque la vida era buena
y eran buenos los amores..)
… y aquella noche serena,
toda azul y toda plena
de luceros tembladores,
borracho de miel de amores
y en brazos de mi morena,
yo sentí que el alma buena
se me cuajaba de flores,
y que la noche serena
-¡toda azul!- estaba llena
de cantos de ruiseñores…

Estaba la callecita
de su barrio, tan solita
y tan triste, con sus viejas
casonas, de duras rejas
y de portones ferrados
con su luna en los tejados
y con los muros blanqueados;
con su encanto y su misterio
y su paz de cementerio,
y su farol que ilumina
el hidrante de la esquina
de construcción vieja y rara,
que destila sin cesar
un chorrito de agua clara
que no deja de cantar…

Yo, enamorado y sencillo,
con el alma enternecida
rebosante de ilusiones,
junto a la reja florida
tocaba en el organillo
serenatas y Canciones
para la novia dormida…

Esa noche, los luceros
brillaban más y mejor;
parecían pebeteros
los jazmineros en flor;
…y yo, sediento de amores,
en brazos de mi morena,
sentí que la vida buena
se me inundaba de flores,
y que mi alma estaba llena
de trinos de ruiseñores…
…………………….
……………………
Hoy… ¡Corazón dolorido!
¡pobre corazón desierto,
aunque parezcas dormido,
yo sé que estás casi muerto…!
Tus ilusiones de ayer,
murieron una por una;
para nunca más volver,
se fue tu buena fortuna;
…¡y hasta la linda mujer
que amaste como a ninguna,
se diluyó con la luna
en aquel amanecer…!
¡Es mejor que no pensemos
en las venturas de ayer…!
…¡Ay, corazón, olvidemos…!
Al fin… ¡qué vamos a hacer…!


Poema El viejo romance - Rubén C. Navarro