O mors, quam amara
est memoria tua…
(Ecclesiasticus)
No mates al mensajero, ni lo ciegues.
Si trae palomas, dales trigo. Si acaso
Él tiene hambre también,
Dejo en la artesa
Algunas espigas, madroños frescos
Y las rosas que todas las primaveras
Corté por si volvía.
Y queda algo
De vino sagrado en nuestro cáliz de oro.
No hace falta que le cuentes muchas cosas, él
Sabrá qué hacer para encontrarme.