¡Cuán difícil es al hombre
Hallar un objeto amable
Con cuyo amor inefable
Pueda llamarse feliz!
Y si este objeto resulta
Frívolo, duro, inconstante
¿Qué resta al mísero amante
Sino exclamar ¡ay de mí!
El amor es un desierto
Sin límites, abrasado,
En que a muy pocos fue dado
Pura delicia sentir.
Pero en sus mismos dolores
Guarda mágica ternura,
Y hay siempre cierta dulzura
En suspirar ¡ay de mí!