A mi hijo.
Tres años.
Dos pistolas.
De pronto
Ríe a solas.
¡Pum!, ¡pum!
Suena un disparo.
Da muerte
A un monstruo raro.
Sirenas, policía,
¡se armó la algarabía!
Persigue a malhechores
-me escondo –
¡y a escritores!
Después
Sube al diván
De un salto y… ¡Supermán!
Ya el mundo tiene dueño.
La tarde invita al sueño.
Mirada sospechosa:
La sala está borrosa.
Las tres. Mamá te acuesta.
¡Bandidos, al ataque
Que al fin llegó la siesta!