Canción nostálgica que asciende hasta el santuario del espíritu

CANCIÓN NOSTÁLGICA QUE ASCIENDE HASTA EL SANTUARIO DEL ESPÍRITU

Con qué profundidad nos duele la caricia de lo antaño,
Con qué rasguño e interior gemido emprende su vuelo hacia nosotros,
Y rema y sigue flotando aquello mundo
Que desde las tinieblas aparece una y otra vez,
Hilándose en la rueca para girar levemente,
Empequeñeciendo su voz como un pájaro antiguo,
Colibrándose apenas, entre fotografías depuestas y peligros.

Acuden entonces los recuerdos a posarse en nuestro hombro
Como profundas trombas del pasado:
Dan algunos marzos que tuvimos,
Signos crepusculares, olas rotas,
Ciertos ecos vividos que de nuevo nacieran,
Con sus frágiles pies de estatuas en penumbra
Y sus trompetas de sombra.

Es este sonido de las sombras un perfil abaulado
De la nostalgia amiga, la cual, haciéndose susurro, nos habla de quemadas cosas,
De grupas de efemérides que fallecieron solemnes
Y disparan ahora a nuestro centro el día de lo ayer.

¡Ah sí, tú, la nostalgia!
¡Cómo duele tu caricia que fluye de lo antaño,
Cómo rasguña tu gimiente corazón!

Aportas canastas frecuentemente historias
Rotas,
Puertas que se entreabren solamente un poso,
Tímpanos sepultos que ocurrieron antiguos
Y ofrecimientos revocados que son pavesas ya, y solamente eso.

Ciertamente, se sabe que lo desvanecido comete a veces la imprudencia
De presentar batalla de nuevo,
Como un pobre ejército armado con ramas de fresno blando
Y tenue luto neutro y decadencia en cenizas
Que ondulara su imposible retorno
Contra un recio castilllo edificado en medio de declives perdidos.

Ocurre así cuando la soledad es geografía vespertina
Y un vacío de brasas que adelgazan hacia el país melancólico
O cuando se descubre que se cansaron hace tiempo las huellas de los pies.

Es ésta, la ceniza, un pájaro
Sin alas que viajó desde dentro
Para asomarse breve,
Semejante a hilo de indefensa nube
Que todavía anhelara seguir viviendo un cielo.


Poema Canción nostálgica que asciende hasta el santuario del espíritu - Juan Pablo Mañueco