¡Santa Naturaleza, madre mía!
Me has cobijado en tu regazo inmenso
Y disipaste con tu soplo intenso
La nube del dolor que me envolvía.
Mas, ay, vuelve la vida ingrata y fría;
Mi sueño celestial quedó suspenso…
Ya alza la tierra su divino incienso
Y en su carro triunfal asoma el día.
Poeta: es fuerza abandonar el monte.
Bajemos, pues ya al ras del horizonte
Venus agonizante parpadea,
Tú al teatro, a la clínica, al Senado;
L yo a vegetar tranquilo y olvidado
En el rincón oscuro de mi aldea.