Me ha costado mis años llegar a escribir soy siento.
Estoy aquí y percibo la grandeza del día,
su dimensión azul, mi transparencia.
Se lo debo a los nombres que tanto me llamaron.
Se lo debo a la infancia y a su fosforescencia.
Se lo debo a los árboles que crecieron conmigo.
Y a los versos que un hombre, pastor en Orihuela,
dejó sobre la vida, llegaron a mis manos, giraron en mis ojos,
filtraron en mi voz.
Y, corazón arriba, reconocimos juntos la belleza.