A velarde

Nada del tiempo en el espacio basta
A extinguir los fulgores de la gloria:
Si un lapso grande sus recuerdos gasta,
Perennes viven en la madre Historia.
Con letras de oro cuidadosa engasta
De sus preclaros hijos la memoria,
Que destellan, como ínclitos blasones,
En la vida sin fin de las naciones.

Así del astro, que del cosmos rueda
Por las inmensas órbitas lejano,
La viva lumbre, titilando leda,
El éter cruza hasta el planeta humano;
Y en el foco de luz que al sol remeda,
Por la distancia astral fulgor liviano,
Ve la mente, al través de aquel sosiego,
Hondos mares de luz, ríos de fuego.

Tal de los hechos de la lid armada
La pálida memoria se presenta
Cuando en pos ya de séptuple decada
De nuevas gentes el sentir alienta;
Pero en la misma voz debilitada
Que el alba gloria de la patria cuenta,
Palpitan con vigor, a un tiempo mismo,
La fe, la abnegación, el heroísmo.

Catorce lustros, que en la edad moderna
Tupido manto tejen del olvido,
Al eco triste de la lucha interna,
Nos apartan del hecho esclarecido;
Pero la luz del patriotismo, eterna
En el altar de un pecho bien nacido,
Del Dos de Mayo al alumbrar la palma,
De noble admiración inunda el alma.

Solo un joven soldado, sin guerreros,
Sin el prestigio de alta jerarquía,
Valiente arrostra los soldados fieros,
Del Sur y el Septentrión dueños un día.
Del honor a los móviles severos,
De la patria el amor sólo por guía,
Débil pigmeo mídese arrogante
Con las fuerzas hercúleas del gigante.

En pos le sigue un pueblo desarmado
Que en confuso tropel clama venganza,
Por arma matadora el brazo airado
Que opone fiero a la traidora lanza.
El pecho sin abrigo adelantado,
En busca de la muerte altivo avanza;
Y ante el ímpetu rudo de Castilla
El águila imperial la frente humilla.

Europa entera, en pertinaces lides
Con el Coloso bélico empeñada,
Menosprecia los áulicos ardides
Por el valor de Iberia entusiasmada.
Del pueblo de Pelayos y de Cides
Quiere noble seguir la senda honrada;
Y a su influjo exaltado su ardimiento
En triunfo cambia el torpe vencimiento.

Las naciones en paz, de asombro llenas,
Parias nos rinden por la insigne hazaña,
Al ver que nunca sumirá en cadenas
A un pueblo bravo voluntad extraña.
De antiguas glorias el fulgor apenas
Rival se juzga de la prez de España,
Que inunda en rayos de glorioso alarde
Al pueblo humilde en que nació Velarde.

Oyó Muriedas su primer acento;
Su hazaña Santander hoy galardona,
Y forman del honroso monumento
Guerrero bronce la gentil persona,
Bruñida roca el formidable asiento.
De torpe saña el hálito no encona
Leal sentir, de altísimo linaje,
Que rinde a la virtud justo homenaje.

Del mar bravío el saturado ambiente,
Que bañó los cendales de tu cuna,
También orea tu broncínea frente
Del sol al rayo y al rielar la luna.
Que en torno lean de tu mole ingente
Las futuras edades una a una
Que fue tu pecho de la patria templo,
Y al pueblo sirva de preciado ejemplo.

Poema A velarde - Adolfo de la Fuente