Doña Morueli, moza despejada,
de libre lengua y de sagaz denuedo,
riñó con doña Andrea de Laredo,
mujer tan necia cuanto mal mirada.
Fue la ocasión de poco más que nada,
y la pendencia mucho más que miedo,
por cuya causa, el limpio acero quedo,
hubo empellón, mentís y bofetada.
Buena pendencia para referida,
riñeron la malicia y la inocencia
y pudieron entre ambas desgreñarse;
aunque mucho mejor para comida,
que siendo de gallinas la pendencia
mejor puede comerse que contarse.