Vuelta de viaje (ii)

Otra vez, compañeros, amigos, locos de los flecos carnales,
otra vez hemos de lanzarnos a las aguas que resumen
-vuestro hígado luminoso, vuestro lagrimal a punto, vuestro sexo enternecido
[ya hechos relicario.

Sí, relicario, sueño, tacto de la dicha que rozo y se eleva a un futuro mortal.

No soporto despediros hasta próxima vigilia.
No soporto adivinaros los pechos tras la ropa;
los biombos, los juegos, los encuentros envasados,
todo se viene encima con bestialidad de calendario. ¡Escuchad!,
esto que digo es testamento porque me extingo y lo veo,
¡hasta la vista!, cuerpos, voces, estridencias que adoro.

Lo hermoso vendrá ahora subterráneo, trofeo, materia de sudor y suspiro.
No lo soporto.

Vivir cien jornadas para extraer una piedra memorable.
No lo soporto.

Trampa diaria de sedal para ver una escama de lo que soy y quiero,
¡es tanto trabajo! No lo puedo soportar.

Alguien que nos clave en la luz del Mare tan Nostrum,
que nos sostenga en perpetua última cena, pero insectívora y común,
alguien que recoja del arcén cada cuerpo y sus filiales,
que remedie la tala que nos hizo el camino
con sus tres cafés de despedida, con su ría de pródiga tristeza.

Alguien que ponga la casa donde en verdad está la casa.

Y si nadie queda sin resignar, una mano, entonces,
una mano que impida la lluvia de la breve desventura, la que siempre nos
[convence

con su voz de azúcar: “son los días pálidos, los necesarios días pálidos…”.

Alicia de los espejos, no vayas a creerles, y tiéndenos tus ojos para ir al otro lado.
Cada cual, coloso de sí mismo. Aunque esto dure menos.
Y aunque no haya tiempo ni espejo en que salvarse.


Poema Vuelta de viaje (ii) - Julieta Valero