Una parvada de cuervos entra al castillo templario de ponferrada

Hierba crecida,

Hierba ondeando

Como un pendón hecho jirones

Después de la batalla,

Jacintos, veletas

Y una mañana dura

Como un puente de hierro

Entre el alma y la verdad:

Entre amapolas escarnecidas

Y violetas intactas,

Entre las nubes de la angélica

Y el sello de Salomón,

Entre la ortiga blanca

Y el aro manchado,

Entre la maravilla del acebo

Y el diente de león,

Nace un silencio inviolado:

Nace un azul delta sin salida.

Desde la altura nevada de las almenas

-mitad en pie orgullosas,

Mitad sueño de piedras sin razón –

Una parvada de cuervos tutelares

Atestigua el milagro una vez más:

La danza del azor y la paloma.


Poema Una parvada de cuervos entra al castillo templario de ponferrada - Alberto Blanco