Todo animal nocturno

Y dijo al varón vestido de lino,
Que
estaba sobre las aguas del río: ¿Cuándo
será el fin de estas maravillas?
DANIEL, 12:6

in memoriam Walter G.
Weyland

Han excavado de repente en el dolor y no es posible,
La semilla ha crecido hasta la tarde
De cuanto era en el mundo.
¿Con qué fulgurante esplendor fue abierta la entrada
Al templo cuyo pórtico entreviste?
Angel con espada de azucenas,
Álzate del vértigo y ayuda al que tiembla con su voz en esta puerta.
No llores sobre esta red inconclusa, sustentada en humo
Por un tiempo, y tiempos, y la mitad de un tiempo.
¿A qué cauce de cenizas arrojarás la herida de este hombre?
¿Qué cortejo increíble ocultará la pérdida?
Se sustituyen las máscaras de piedra, de desechar y de oro,
De cansada carne escuchando el llamado.
En la memoria del día duelen tanto los viajes al prodigio.
Ya no arrastres tu piel en la lenta fiesta del espejo.
El vallado se deshace y evidencias la desbordada, brillante
Fortaleza de tu revelación.
La Rueda huye hacia otro llanto.
Una fotografía es un vidrio gastado como un muelle.
Debajo del sol (de un sol de escalofrío)
Nos comen las langostas, trabajan sanguinarias
El despavorido corazón de los vivientes.
¿Cómo reconocerme en el antes si mañana despierto?
Ya no más.
Que no se les conceda vida a esas escorias.
¿Y quién terminará con su mal sobre esta superficie?
Oye las palabras del que queda.
Aunque el desierto se callara con gotas de sangre,
Él cantaría.



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Poema Todo animal nocturno - Manuel Lozano