Si de renta

Si de renta más qüentos
Que los Ingas y chinos alcançares,
Y tus anchos çimientos
Las tierras ocuparen y los mares,
Ni la certera flecha
De la muerte huirás, ni de su miedo
La importuna sospecha
Tenerte dejará el ánimo ledo.

¡Oh, mejor el gitano,
Sin patria conocida ni solares,
Vive!, y el africano
En movedizas casas aduares,
A quien fruto creçido,
No con lindes tasado ni mojones,
El campo agradeçido
Rinde, y de trigo fértiles montones.

Y, con labor de un año
Llenos, holgar permiten a la tierra;
Y al que administra ogaño,
Igual otro succede, paz y guerra.

Allí el varón no rige,
Soberbia con la dote, su casada,
Ni el vicio malcorrige,
Deel poderoso adúltero fiada.

Gran dote es la nobleza
Y onestidad, allí, de los mayores;
El pecar, gran vileza,
O su precio morir. Si los fabores
-oh tú, quienquier que seas –
De los siglos pretendes immortales;
Si escrito ser deseas
Padre deel pueblo en públicos anales,
Osa enfrenar, severo
Cuerdamente, la vida licençiosa,
Y al siglo venidero
Virtud, que imite, ofreçe generosa.

Pues tal es que, imbidiosos,
En los presentes la virtud odiamos,
Y, de ella cudiciosos,
Si a los ojos falleçe, la buscamos.
¿qué sirven las querellas
Si el castigo las culpas no descreçe?
¿qué las leyes, qual ellas
Vanas, si, esento el pueblo, no obedece?

Ni ya el estéril suelo
De la tórrida, ardiente siempre y solo,
Ni ya el eterno yelo
De los siete Trïones y deel polo,
Al mercader desvía
De sus torpes ganancias: vence artero,
Con pertinaz porfía,
Tamaño golfo un breve marinero.

Y presta la pobreza
(grande oprobio oy) paciencia y ardimiento
Para qualquier vileza,
Y pone en torpe olvido el santo intento.

O al común (do la fama
Y aplauso popular con glorïosos
Apellidos nos llama),
O al mar vezino los rubís preçiosos
Y el oro inútil demos,
De todo mal ¡quán çiertas ocasiones!

Y si nos malqueremos
Las maldades, si bien somos varones,
De la torpe avaricia
Las letras no se aprendan, no, primeras;
Mas beba en la puericia
Diciplinas el ánimo severas.

No qual oy que no gusta
Ni andar sabe a caballo el ahembrado
Moçuelo, y la robusta
Caça teme: ¡oh el naype, assí, y el dado!

Y tú, oh padre perjuro,
Y trefe a tus amigos y usurero,
¿con recambios el juro
Apresuras, y el çenso, a ese heredero?

Está bien. Y sin tasa
Crezca la ‘azienda; crezca. Mas, ¿qué importa,
Si la cudiçia escasa
Siempre en un no sé qué la llora corta?


Poema Si de renta - Francisco de Medrano