Safo

Tus ojos tienen el brillo de la pasión.
Has estado distraída mientras yo declamaba.
Laura, tu amiga, tuvo que pellizcarte
Por debajo de la mesa.
No has oído mis versos, no había otro mundo que el tuyo.
Cuánto daría por volver a tener tus trece años.
Pero escúchame.
Esas manos no han de ser para el extraño.
Tu piel es demasiado ardiente.
Tu frente, demasiado ancha.
Eres una hija equívoca del viento,
Fuerte como esta isla, cerrada y desolada.
Mírame a los ojos, Citere.
Mira mis arrugas y mis cicatrices.
Hoy he jurado que si me amas voy a romper mis versos
Y voy a enterrar mi lira con mis manos.
Es en serio, Citere.
A mi edad no puede jugarse con estas cosas.
Yo que creía haberlo visto todo,
No había visto todavía tus ojos y tus manos,
De mis trece años imagen fidelísima.
Un viento áspero y simple nos azota el rostro.
Dentro de unos años en esta isla no quedará nada.
Sólo el fuego es eterno, este fuego
De tus ojos, llama en que quiero arder,
Cruz en que quiero crucificarme.
Qué me importan los eruditos y los premios.
He dado ya lo que tengo, y estoy sola.
Quédate conmigo hoy, Citere.
No vayas a esperar al joven deportista
Bajo el manzano.


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Poema Safo - Rogelio Saunders