Retrato de gustav mahler en su Último retorno a europa, 1911

Todo está en el mismo sitio,

Similar, nuevo, atrapado

Con deslumbre de albor, con claridad desconcertante,

Un viajero solo en cubierta

Frasea notas truncadas con motivos de espuma.

Un sanatorio en Viena, la voz alta de quien ya no oye nada,

A proa la extinción, la renuncia, el fingimiento.

¿Quién completará las obras que sólo para el viento quiso?

Es un velo la quietud que envuelve su rostro

Como un mar de repente en suspenso,

Un emblema destinado a enseñar

Aquello que no dice.

La brisa desordena la paz fijada de un instante

En que el aroma es tan sutil

Como pueda serlo su concepto.

Desde la proa observa la fiebre

Que acerca glisando

Un violonchelo azul sobre las olas.

No está desplegado el tiempo,

Futuro y presente apenas se distinguen.

¿Habrá música, mar, habrá Canciones?

Sólo de lejos se siente la progresión de la vida,

El hechizo de evocar los presentimientos.

¡Si pudiera sustraer de la muerte un día más,

Siquiera un día!

Las dudas, los contrastes, la decadencia,

El mundo con su oropel, su eterna risa,

Los bosques, el mar, la melodía que ya tenía soñada.

¿Qué será de ello cuando falte?

La costa, un puerto, una mujer que saluda.

El viajero solo, interminablemente solo,

La voz crecida de quien nada percibe,

Contempla el pasado como un náufrago la playa.

Quieto todo, varado en el sitio de siempre,

Atrapado con sonido de sombra y silencio duro.

Un tren, el paisaje al fin detenido,

Mudo definitivamente, muerto, entelado.

El tiempo se ha escindido en dos mitades.

Que no figure en la tumba nada salvo mi nombre,

Quienes vengan sabrán que la música

Ahora está sosegada bajo las lilas abiertas.


Poema Retrato de gustav mahler en su Último retorno a europa, 1911 - Juan Ramón Mansilla