Mirando cómo va soberbio, airado,
A pagar su tributo al mar el Reno,
De su propia alma y de su bien ajeno,
Vandalio está cuidoso, recostado
A la sombra de un olmo, y descansado
Ya de llorar, de mil congojas lleno,
Viendo partir de sí el pastor Tirreno,
Dijo con un suspiro apasionado:
“¡Dichoso tú, tú sólo eres dichoso,
Que vuelves do verás tan presto el Tago
Y el bien que te hace ir tan presuroso!
Yo, mísero, llorando me deshago
De sólo ver Pisuerga deseoso.
¡Mira cuál es de Amor, Tirreno, el pago!”