Miente, oh sacrílego error

Miente, oh sacrílego error,
tu intento obstinado y ciego.
¿Cómo ha de morir de fuego
quien supo nacer de amor?
Ya previno tu rigor
Dios de padecer sediento
aun ese tardo tormento,
porque un Dios y enamorado
cupo en llamas de un cuidado,
mas no en las de un elemento.

Ese ofendido trasunto
te encamina a discurrir
que Cristo para morir
tomó de fuego el asunto.
Cuando a algún cuerpo difunto
se presenta su homicida,
por boca de cada herida
le acusa. Ve Dios tu fuego,
prende en su amor, y así luego
habla su imagen herida.

Más que de fe, de evidencia
te debiste al desengaño,
mas sólo en ti da un engaño
más pasos que una experiencia.
En abrasada apariencia
se puso Dios, y Moisés
le vio y le adoró después.
Tú, que a ambas leyes te opones,
donde tú mismo le pones,
ni le adoras ni le ves.

Arde Dios, donde es un ave
alto incendio a tres amantes,
tan eterna que, en ser antes
de todo, su edad no cabe.
De cuyo incendio süave
imitación pudo ser
quererse agora encender
en el leño que le ofrece;
que aun donde Dios lo parece,
no puede estar sin arder.

No puede estar sin morir,
aunque ya morir no puede,
que amor inmortal excede
los términos del vivir.
Y porque llegue a servir
la llama que ve encendida,
hoy Dios a su fe convida
a unirse tanto los dos
que en las cenizas de un Dios
humano funda su vida.

Salve, pues, Fénix divino,
hijo de un eterno sol,
que al examen del crisol
te das inmortal y fino;
y haz que el horrendo destino
que educa tu ardiente vuelo
en las cenizas de un hielo
hurte esta voz a su furia.
Fénix que anida en la injuria
su Arabia tiene en el cielo.


Poema Miente, oh sacrílego error - Gabriel Bocángel