Mandarinas

Aroma anaranjado y viven. Aspiro la pasión y me provocan;
Aroma que disfruto en la cúspide de la lengua con regusto insaciable,
Cuando hundo el dardo de saliva en la abertura azucarada.
Su cuerpo redondo y femenino enamora premisas para encender
El candelabro tropical de la noche con sabor a luna, desde la niñez y las ventanas.
La pulpa del coito apetecible; jugosa y perfecta al morderla, infierno al paladar antes de amarla.
Cuando trituro los gajos escarchados rompo el cristal y la felicidad; lamo y remuerdo esa entraña.
Esta mujer oficia el amor con secreto vegetal porque la infelicidad no la agobia;
Esparce en bandada el olor a mujer con apetecida ondulación de mandarinas.
Pecado
Las voces y la felicidad con desnudez excitan apenas asoma el deseo,
Ofician ritos y callan después que nos besan la carne.
El cielo, con la complicidad de los infiernos, se vuelve pubis y huele a entrepierna.
La virginidad de amarnos se defiende sin escándalos;
No hay susurros en el barrio, ni cortinas que disimulen que dejó de ser virgen.
Desnudos, y cuando poseemos tiempo, miramos la extensión crispada de los muslos
Y conspiramos para que nos recuerden;
Por eso sabemos que no hay pavor para saciar los coitos
Que disfrutamos en los resquicios de esta ciudad que nos desoye.


Poema Mandarinas - Carlos Calero