La tierra nueva

Océano en la noche.
………………………….Parece que es un ruido
de voces ignoradas; las flores de la espuma
desaparecen; se hunden los pétalos salados;

las hojas crecen blancas hacia la muerte.
………………………………………………..Fría
luna se mueve, llama.
…………………………En esta enorme tierra
todo parece mar: y hay gritos en las islas:

despedazados signos de volcanes: ciudades
fantasmales, risibles – tan pronto levantadas
al soplo matemático del martillo perpetuo,

tan pronto amenazadas por los huesos ruinosos
del cemento-: aceros aplastados, mordidos
por los truenos de rocas y temblores: cimientos

vasallos, derrotados por la sal que carcome
las playas, inestables babeles irrisorias.
Bajo la vasta noche americana un hálito

de cenizas agónicas vuela sobre los hombres
marcando sus gargantas.
……………….En tinieblas de nuevo
siento voces marinas.
………………………..Trepa el agua a mi boca.

Sobre el pan sopla el Ojo; las mareas del sueño
dejan llover la luna en las habitaciones
de la nieve y los páramos, en los bosques sombríos

de los lechos.
………………Descansan las frentes solitarias
construyendo futuros sin pasados.
…………………………………………..Las telas
lunares cubren muertos; la maraña que teje

el planeta desciende con los ríos bermejos
de las vidas fugaces.
…………………………….¡Sopla, llave nocturnal!;
¡fluye, llanto del año!; ¡azota, voz, las costas!;

¡tenuemente recorre, sueño, todos los ojos!:
¡llave, llanto, marea del sueño, 1uz insomne
corren bajo los cielos de América y se hunden

en la terrible mano que no tiene principio!
¡Te, buscamos, enorme silencio de los panes
y del vino marcado, cuando solos vagamos

en las calles de otoño, tras las huellas de junio!;
¡te buscamos, partimos a los barcos lejanos!
¿Dónde, en qué parte tu rostro aparecía?:

¿cuándo, cómo pedimos por el agua fulgente,
por tu amor, por tus ojos?
…………………….Tú eres ese silencio
que en la noche se escucha pero que nadie oye:

y tú palabra cae muda bajo los cielos
dilatados. Algunos desterrados te hallaron
porque buscaron algo que amar: y era un principio

para entender tus voces.
…………………….¡Y así subieron solos!
Fría luna se mueve, desciende en las corrientes,
roza, se alza, sumerge su rostro. Tiembla sola

una lágrima ingente de suelo ensangrentado.
El Árbol está lleno de sangre: sus raíces
sólo sacan arroyos moribundos. Los dedos

lunares iluminan las ramas cenicientas
que se mueven terriblemente solas. El viento
sopla muerto y retorna. Y mientras todos duermen

el amor agoniza en el Árbol. Entonces
con insolencia negra el agua delirante
movió del mar las valvas, la vastedad que el tiempo

explora entre las playas de este rincón del mundo.
Los sonidos lejanos de cuernos neblinosos
bajaron a las rocas. ¿Fuimos creados sólo

para un día? ¿Avanzamos en la noche cantando
para un día tan sólo? ¡Es el rincón extremo
el que nos llama, gritar, es un eco impetuoso,

una boca que arroja la palabra, la sílaba,
sin encontrar respuesta!
…………………………….¿Cuándo fuimos nosotros,
cuándo fuimos entonces, en el ayer?
…………………………………………..De ayer

a hoy pasan mil años y mil años se hunden
en el oscuro pozo de un instante.
………………………………………..Las vidas
tienen en nuestras costas ancianidad de tiempo

y eternidad de infancia: y en el presente somos
hijos, frutos sin padre perdidos en las costas
rocosas del Pacífico.
……………………………….Diariamente morimos

moviéndonos, viviéndonos en esta tierra donde
todo es extraño y solo.
………………………………….Todo lo que sabemos
de tu matriz es esto: recuerdos de un momento

en que te conocimos, y desde entonces otro
instante en que cambiaste y nos dejaste un rostro
distinto, nuevo. Entonces, ¿qué vamos a decirte,

si ya eres otra -¡otra!- cuando apenas comienzas
a ser?
…………..El pestilente tremedal se coloca
entre nosotros para separarnos, dejarnos

solitarios, ajenos.
………………………………Es otra noche: sombra
distinta en que no se abren ventanas, las bahías
con el batir del ala rutilante.
………………………………………Es el vaho

mefítico.
……………..Lejanos los alientos destruyen
las nubes derrotadas.
………………………………Del pantano profundo
arriban los insectos; los élitros fulguran

con tonos espectrales; palúdicas espaldas
se agitan en el limo cargando las monedas;
garras cruzan sombrías arañando la orilla

de la selva, el desierto, la sabana, la pampa;
dientes furiosos muerden los témpanos antárticos.
Es la legión sin número. Sobre el pantano un hálito

caliente envía miasmas sobre las caras hoscas.
Llueve de nuevo. Llueve.
……………………………….Siento un hueco en el año.
Duermen todos; descansan las frentes.
………………………………………………….Y el planeta

camina oscuramente, trabaja en la penumbra.
El río americano fluye extraño a los mares
que ignora.
…………………Sobre el cielo viene ahora el silencio:

confusamente nace por todos los principios
de la tierra; es el mismo que arderá hasta que estalle
la copa de la nieve por la mano del fuego.

Así fue descubierta tu matriz; la primera
bandera fue clavada con terrible silencio.
El Atlántico espera las proas.
………………………………………….En las calles

de Europa indiferentes, desamparado estabas,
desvalido, insultado; y aquí entonces supiste
– para ti, ¡oh viajero!, para ti, ¡oh encontrado!-

que en tu lengua traías la derrota destierro
de la muerte, y alzabas las manos temblorosas
de la Reina. ¡trajiste la palabra y los peces,

y con ellos quitaste, dividiste la muerte,
desatando el sepulcro encadenado.
…………………………………………..Luego
llegaron otros. Pero no fue todo cumplido.

Solloza el río. Llora. No duerme nadie, nadie.
En la orilla hay monedas de búfalos plateados
que beben lentamente las aguas desoladas.

A veces la Paloma se paraba en los valles
sanguinolentos, hoscos; a veces ascendía
jubilosa hacia el Arbol.
…………………………..Dos lágrimas nacieron

de su sollozo. Palas cavaron.
……………………………………….En la noche
pasa el mar. No es la sal: es un ruido de llantos
y de puertas que cierran violentamente. ¡Gritos

pueblan el suelo!
………………………¡Se oye caer la sangre!
………………………………………………….¡Plata
de yataganes se hunde en la garganta anónima!;
¡el oro rueda insomne sobre la mano nueva!;

¡se abren ciudades muertas!; ¡sangra el tráfico oscuro!;
¡colocan en los mapas las muertes y las vidas!;
¡catalogan, registran!; ¡un aliento de máquinas

cruza el cielo de fuego destruyendo las calles!
¡Huid, huid, avaros, el tiempo está en peligro,
llorad en las miserias que os amenazan: toda

vuestra riqueza gime comida del orín!;
¡por la polilla caen vuestros vestidos!;
¡los segadores gritan y el grito llega al cielo!

¡Huid a las montañas: el fuego viene!
……………………………………………………….Oigo
el mar en la distancia. Son las alas sulfúreas;
se preparan los rostros bestiales, y los sacos

de oro vuelan furiosos sobre las calles nuevas.
¡Cayó el amor: el Arbol se estremece en la noche!:
¡se derrumba el costado en los hombros del mundo!:

¡qué gran desierto negro, qué montaña purpúrea
para el amor, qué trazo de ternura arrojado
en el pozo de estiércol!, ¡qué ausencia de las alas!,

¡qué nacimiento lúgubre de un sueño descubierto
a la vejez del tiempo!
…………………………Canta el río.
…………………………………………De nuevo
las puertas de raíces se movieron; las manos

de los muertos – abuelos de las semillas hoscas
del nuevo continente, de la nube y el trueno –
asomaron pidiendo el fin del enemigo.

El viento sopla frío y soledad: mareas
cubren muertos, fugaces vidas bajo los ríos.
¡Te buscamos, inmenso silencio de los trigos,

en las calles perdidas, tras los bancos helados!;
¡te buscaron, partieron a los pozos lejanos!
¡Y así subían solos!
………………………..Llueve desde la ausencia.

El Árbol tiembla enorme bajo la lluvia; nubes
amenazantes borran el horizonte frío.
Sólo hay sed y abandono.
………………………………No duerme nadie, nadie.

¡Clavan, clavan aullando, danzan enloquecidos
alrededor del Árbol, escupen de los dientes
los cenicientos viernes!
………………………………¡Clavan, clavan el beso

de la ternura!
……………….Sangre.
…………………………..Sólo hay sed y abandono,
y sed abandonada. No duerme nadie. Nadie.
El mundo está desierto. Rueda el mar.
………………………………………………….En el Árbol

se oye girar la muerte.
…………………………………….Un diente negro roe
los cimientos del polvo.
………………………………Desde el fondo del tiempo
oigo toda la noche caer sobre la tierra.


Poema La tierra nueva - Miguel Arteche