Es tu nombre la hoz que le cercena
Al corazón la paz de sus latidos;
Son tus ojos los goznes enmohecidos
A los cuales mi vida se encadena.
Es tu ausencia la causa de esta pena
Donde encuentran las lágrimas sus nidos;
Son tus manos dos pétalos dormidos
En la congoja que mi vida llena.
Yo te busco en mis horas desoladas,
Yo te busco en las noches y en el día
Con impaciencia y sed desesperadas,
Y, si en tinieblas de dolor me pierdo,
Creo que puedo pulsarte, amada mía,
Como una cuerda tensa en el recuerdo.