Fue mucho el daño que tu amor me hizo;
Mis ojos agotaron la tibieza
De este lloro colmado de tristeza,
De este lloro sin pausa en que agonizo.
Si mis horas de luz las pulverizo
Removiendo su fruto y su corteza,
Se debe, solamente, a la crudeza
De aquel amor y su fatal hechizo.
Fue un daño irreparable, dueña mía,
Tanto te quise y te adoré tan hondo,
Que te sigo soñando todavía.
Fue tanto el mal por tu querer causado,
Que, aunque a veces mis lágrimas escondo,
¡no puedo amar después de haberte amado!