En el exilio (iv)

Marzo 12, 1982

¡Amo esta quietud!
Amo este momento que puedo llamar mío.
Este silencio que musita dulces misterios a mi alma.
Contemplo la distancia de los astros
sabiendo que soy parte de este vasto Universo
y la dicha de comprender mi existencia
es realidad y testimonio de mi verdad interna.

Adivino en los árboles
la savia circulando por sus ramas.
La yerba testimonia el misterio de la vida
y comprendo la felicidad
de ser humilde y hacerse sencillo y bueno.

Una vez más comprendo lo inútil
de enmarcar mi yo cotidiano y temporario
esta vasija de barro y llanto
dentro de mi Yo trascendental.
Es un ¡Hala! ¡Suelta!
Un sube y baja.
Ser y no ser a un mismo tiempo.
¡Ser barro y luz al mismo compás!

Comprendo – lo un tanto absurdo-
de nuestro afán por las cosas terrenas.
Este yo de cobre y cal, pequeña y débil
ante fuerzas inexorables como pieza de ajedrez
movida a voluntad de fuerzas extrañas.

¿Y qu? puedo hacer sino desangrarme y gemir
y seguir el camino que yo misma trac?

Pero entonces comprendo también
lo hermoso de la lucha
y el contento de labor realizada.
Esta es mi hermosa misión en la tierra.
Y de entre millones de seres
fu? elegida para guiarles con mi ejemplo
para alumbrarles con mi luz.

Y es todo eso que va más all? de la vida presente.
Maravilloso oleaje en divino vai-ven.
Y sólo deseo sumergirme tranquila
en el Amor de esta ternura infinita
Pensamiento Supremo que es la Esencia de TODO.



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Poema En el exilio (iv) - Mayamérica Cortez